Sombras en la Sierra: el enigma de las brujas de los Filabres

Sombras en la Sierra: el enigma de las brujas de los Filabres

En lo más profundo de la Sierra de los Filabres, donde la niebla parece tener memoria, aún se escuchan los susurros de un tiempo en el que las noches no eran sólo oscuras… sino vigiladas. Los vecinos de Serón y Bacares conservan historias que se transmiten en voz baja, entre brasas y silencios, sobre las llamadas mujeres del viento, brujas que habrían pactado con fuerzas antiguas para dominar las tormentas y los destinos.

En los pueblos de Serón y Bacares, las historias sobre brujas, luces y conjuros forman parte del alma de la Sierra de los Filabres.

Según los más ancianos, en los inviernos de luna nueva, luces errantes surcaban los barrancos y se detenían en los cortijos abandonados. Muchos aseguraban que eran ánimas; otros, que eran señales de las brujas que volvían a reunirse. En los registros orales, incluso se menciona una noche de 1923 en la que varios animales aparecieron petrificados junto al cauce del río Almanzora, con símbolos grabados en la tierra.

Nadie supo explicar aquellos signos. Ni la Guardia Civil ni los curas del lugar. Lo único que se repetía era la misma advertencia: “Si ves una luz que no alumbra, no la sigas”.

En Bacares, un testigo relató que su abuela había visto a tres mujeres vestidas de negro subir la ladera en plena tormenta, sin mojarse ni dejar huella en el barro. En Serón, todavía hay quienes aseguran que los molinos antiguos giran por sí solos en las madrugadas de San Juan, cuando el aire huele a romero y azufre.

Algunos investigadores locales, fascinados por los testimonios, sostienen que estas leyendas esconden una antigua tradición pagana vinculada al culto a la naturaleza y a los astros, muy anterior al cristianismo. Otros, sin embargo, afirman que todo es fruto del aislamiento y del miedo en los largos inviernos de montaña.

Pero en la Sierra de los Filabres, el misterio no se discute: se siente. Al caer la noche, cuando el viento silba entre los pinos y las luces del pueblo parecen temblar, aún hay quien jura haber oído sus risas… o sus conjuros.

¿Qué crees realmente? Te leemos en comentarios.

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